Right here within the shell

lunes, enero 31, 2005

Alerta para las naves entre Mutria y Látrida

Anoche la historia del Señor Pulpo que tanto inquieta a mi querida Axen me recordó una frase de Diarios de las Estrellas.Viajes y memorias, de Stanislaw Lem. En uno de sus estrambóticos viajes interestelares Ijon Tichy habla de "unos seres monstruosos que emergían bruscamente de la polvareda que oculta Tairia, atacaban los cohetes, los envolvían en largos tentáculos e intentaban arrastrarlos a sus tenebrosas moradas". Al parecer eran unos "seres extraños ondulantes como lianas". Los dirigentes de los planetas cercanos crearon una comisión encargada de investigarlo, y gracias a ella y a otros sabios se descubrió que los curiosos bichos no eran otras cosa que patatas evolucionadas. Lem es genial. En fins, no os voy a chafar más el cuento (esto es solamente la introducción de uno de los viajes), pero sí que os voy a poner el párrafo al que me refería al principio:

"Los holistas-pluralistas-behavioristas.fisicalistas manifestaron que, según las enseñanzas de la física, la regularidad en la naturaleza tenía únicamente un carácter estadístico. Igual que no se podía preveer con una exactitud absoluta el camino de un electrón aislado, tampoco se sabía con certeza cómo se comportaría una patata aislada. La experiencia nos dice que el hombre peló millones de veces las patatas, pero era forzoso admitir la posibilidad de que, en un caso entre millones, las patatas pelarían al hombre".


Conclusión: no hay, se me ha ido la pinza entre exámenes y bibliotecas. Se siente, pero ahora en lugar de seguir estudiando (jorjor, me niego, llevo todo el día!) me voy a poner a releer algunos de los relatos del libro. La pila puede esperar (estadísticamente hablando, es muy probable que a los libros no les salgan patas y huyan hacia hogares con lectores menos veleidosos) y la cama también :)

domingo, enero 30, 2005

¡Que se ahoga!

Solamente quiero

que el plomo suelte mi pecho.

Ahí lo dejo. Había escrito más frases catastrofistas pero me quedo con esa, no me apetece aburriros y aburrirme. También borré una pequeña historia en la que un náufrago se ahogaba y se hundía sin ser consciente de ello. Su barco, frágil y blanco en medio del mar, era atacado por un monstruo frío, resbaladizo y oscuro con tentáculos adornados de ventosas. Un pulpo gigante, vamos. El marinero, despistado e idiota como yo, no se daba cuenta de que:

a) Un pulpo gigante lo había atacado.
b) El pulpo gigante de a) se había clavado una astilla del barco frágil y blanco y se había defenestrado.
c) Él mismo mismamente se estaba hundiendo en las aguas.

¿Cómo es posible ahogarse sin darse cuenta? es más... ¿cómo es posible mojarse, tragar agua salada, que se corte el riego de oxígeno al cerebro, que un pez empiece a mordisquearte un pie, alejarte del cielo, quedarte a oscuras en el agua y caer sobre los pinchos de piedra del fondo del océano siendo empalado sin darse cuenta? A mí no me miréis, ya os dije que la historia la borré antes de contarla y por tanto no sé el final ni las inverosímiles explicaciones. Conformaros con que tenía la cabeza en las nubes (chiste malo: en las aguas). A mí me parece una buena explicación, los tarados despistados no nos enteramos de nada y pensamos que si hay pulpos pequeños es factible que existan pulpos grandes. Y que te coman.

sábado, enero 29, 2005

Tú me llamaste, demonio

Acércate. Sssssssshhhh, no gimas, no llores, no te estremezcas: sólo acércate. ¿Te escondes en la oscuridad? ¿te escondes en los rincones? No, no debes temerme, recuerda que fuí yo quien te sacó del Abismo en que yacías. Ssssssssshhh, te he traído hasta mí, donde el dolor no existe, donde el dolor es un recuerdo. Te he traído hasta mí invocándote con la sangre, invocándote con mis venas. Me las arranqué como si fueran hilos a través de la cera solamente para tenerte a mi lado, mi pequeño demonio. Así que no llores y acércate. Te he dado todo el calor que tenía para cubrirte con él y cerrar tus heridas, te he entregado toda la vida escarlata que me quedaba para que pudieses escapar de tus infiernos. Las tijeras cortaban la carne, las tijeras cortaban mi carne, y su ruido me podría haber hecho enloquecer. Pero me aferré a tu llamada, pequeño demonio de cinco rostros, me aferré a tu llamada y seguí cortando. Por eso estás aquí, en la tierra en la que moran los muertos suicidas y sacrílegos como yo, en la tierra en la que los diablos menores de rostros seductores y desamparados no han de sufrir. Estamos juntos, tú y yo, pequeño monstruo, tú y yo. Acércate y ampárame, porque a mí ya no me queda nada.

viernes, enero 28, 2005

Qué haré con el miedo

Lo siento, sé que este poema es muy largo, pero es uno de mis favoritos. Es de Alejandra Pizarnik, ya sabéis que la amo...

El Despertar

a León Ostrov

Señor,
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios.

Qué haré con el miedo.
Qué haré con el miedo.

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas.
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos.

Señor,
El aire me castiga el ser,
Detrás del aire hay mounstros
que beben de mi sangre.


Es el desastre.
Es la hora del vacío no vacío.
Es el instante de poner cerrojo a los labios,
oír a los condenados gritar,
contemplar a cada uno de mis nombres,
ahorcados en la nada.

Señor,
Tengo veinte años.
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada.

Señor,
He consumado mi vida en un instante.
La última inocencia estalló.
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue.

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar,
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final,
Todo continuará igual:
Las sonrisas gastadas,
El interés interesado,
Las preguntas de piedra en piedra,
Las gesticulaciones que remedan amor.
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde.

Señor,
Arroja los féretros de mi sangre.

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana.
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón.

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña,
es decir ayer,
es decir hace siglos.

Señor,
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas.

Señor,
La jaula se ha vuelto pájaro.
Qué haré con el miedo.


jueves, enero 27, 2005

Aves, humanos, hormigas.

Al andar hay tres opciones: mirar al cielo, mirar al frente, mirar al suelo.

Mirar al cielo implica observar las nubes, los matices del azul, la luna, si es de noche un puñado de estrellas pálidas, los edificios, las terrazas y ventanas con chispas de vida.

Mirar al frente es observar a la gente, clavar la mirada en ojos desconocidos e impersonales, investigar con curiosidad los coches, los dibujos de las paredes, los árboles. Esquivar las farolas (con los otros dos métodos no se puede), fijarse en los escaparates que siempre ocultan algo.

Mirar al suelo es descubrir un mundo de baldosas de colores distintos, simétricas y asimétricas, generalmente sucias y desgastadas. Hay papeles tirados, dibujos con tiza, arena en los parques infantiles y césped seco en los otros.

La pregunta es... ¿a dónde diablos miras cuando tienes ganas de llorar?

miércoles, enero 26, 2005

¡No estoy diluida, Arrakis!

¡Oh, dioses, soy una irresponsable!! En lugar de pasar el día encerrada en una biblioteca como hice ayer y como haré mañana, he estado leyendo un comic (Watchmen, de Alan Moore, para que veais que hago caso a vuestras recomendaciones) y luego me he ido de ruta friki con una amiga por el centro. Pero bueno, me lo he pasado tan bien que compensa y elimina todo rastro de remordimientos, la Ley de Bases Generales sobre Minas de 1868 y toda la historia económica pueden esperar. Hasta mañana.

Laralala, os iba a poner una foto de mi plaza nevada (la saqué esta mañana al ir a la facultad, antes de patinar por las escaleras y sobrevivir gracias al impacto contra una barandilla verde) pero el monitor TFT no tiene puerto USB como el anterior y hasta que me ponga a buscar otro puerto libre en medio de este trasiego de cables os aguantáis y no la veis. Mmmm, acabo de ser atacada vilmente por el msn... y lo más sorprendente es que el que se mete conmigo es mi propio creador, el Señor de la Nada. Me parece completamente indignante que primero cree un demonio como yo para luego intentar desheredarlo y encima que se líe con mi novia. Qué desfachatez... ¡me las pagará! ¡voy a lanzar todas mis huestes contra él! grrrrrrr

Un hombre ha de hallar su lugar en la vida, o sera un loco errante, portando la discordia consigo donde quiera q vaya... dice:
con tanta dilucion, no eres ni buena enana, ni vampira poderosa, ni bruja destacada ni muerta... sino viva!

Un hombre ha de hallar su lugar en la vida, o sera un loco errante, portando la discordia consigo donde quiera q vaya... dice:
q verguenza...

Who watches the watchmen? dice:
puaaaaaaaaaaaaaaaaaaaj

Who watches the watchmen? dice:
qué insulto!!!

Un hombre ha de hallar su lugar en la vida, o sera un loco errante, portando la discordia consigo donde quiera q vaya... dice:
jajajajajaja

Un hombre ha de hallar su lugar en la vida, o sera un loco errante, portando la discordia consigo donde quiera q vaya... dice:
eso te pasa x diluir tu sangre

Un hombre ha de hallar su lugar en la vida, o sera un loco errante, portando la discordia consigo donde quiera q vaya... dice:
yo soy oni puro

martes, enero 25, 2005

Hoy

Es el momento de hablar de las cosas pequeñas.

El despertador (la alarma del móvil en realidad) suena por la mañana, no le hago caso, y despierto media hora más tarde preparándome para correr.

En el metro leo uno de los periódicos gratuitos en lugar de un libro (demasiado sueño para el cyberpunk).

En clase bostezo y tengo ensoñaciones en las que el principal protagonista es el paracetamol. Recibo un mensaje y me echo a reir.

Paso a casa para comer y tomar café (más más más). ¡Espaguettis!

En la biblioteca no miro al frente, solamente tomo notas en los apuntes como si me fuera la vida en ello. Descubro anotaciones estrambóticas echas en los momentos de más profundo aburrimiento en clase: "Demostración algebraica, sádica y muy cruel", "Mr A y el pringao del consumidor B".

Hay dibujos en las esquinas de las hojas, generalmente brujas y duendes con gorros para indicar que es la primera cara del folio y que hay que girarlo. Una de las brujas está desnuda y tiene más pecho que yo, lo cuál a las ocho de la tarde varias semanas después de dibujarla me parece indignante. Hay un gnomo en una seta, un monigote dibujado sobre un puente con una flecha que sale de su cabezita y señala el río y un acantilado con otro monigote suicida.

En un descanso con Rubén salgo a la calle y comprobamos que está nevando. Dura unos minutos pero de todas formas es bello.

Al volver a casa me paro en medio de la acera a ver la luna con expresión idiotizada: por una vez el cielo no está despejado, y las nubes negras pasan delante de ella.

Recuerdo que de pequeña creía que lo realmente importante era el disco duro (¿microprocequé? ¿quéseso?) y que éste se encontraba metido dentro del monitor. La caja de abajo tenía el resto de los trastos raros.

Al llegar por fin a casa voy a la cocina y me pillo un yogur de manzana y kiwi. Taba bueno.

Y más cosas: el nudo en el pecho, el corazón desbocado, el dolor de cabeza, la bicicleta estática, el intento fallido de usar los infrarrojos del móvil, la risa de nuevo, el monitor TFT que ha llegado hoy, la nostalgia de su calor. Tantas cosas y todas tan pequeñas. Y, si me permitís el toque empalagoso, importantes.

lunes, enero 24, 2005

El vaso de borgoña de Meps

Era unos labios de cereza, era un rostro pálido, era una cascada rubia, era unos ojos velados por las sombras. Nada más. Esos fragmentos era todo lo que quedaba en la memoria de Meps de la visión fugaz de una muchacha en un callejón. El recuerdo de su amada se reducía a cuatro rasgos brillantes, que se diluían poco a poco entre sorbo y sorbo en la Bodega. No recordaba tampoco en qué momento la había visto, aunque estaba seguro de que era de noche y que ella brillaba pese a la niebla. Meps frunció el ceño e intentó escudriñar el pasado, intentando analizarla.

Los labios, de un rojo intenso y dulce, habían adquirido ese color por la sangre. Tenía esa certeza, y no sabía muy bien de dónde provenía. Pero no era posible que se equivocara: sus labios estaban sangrando, quizás porque ella misma se los había mordido. ¿O era sangre ajena?

El rostro, de un blanco imposible, recordaba una extraña porcelana milenaria. Sin embargo su palidez no hacía pensar en ninguna enfermedad, sino en una dulce y aromática lozanía.

El pelo, del color del trigo maduro bajo el sol, la protegía. Caía sobre sus hombros, caía sobre sus pechos, caía levemente sobre el lado izquierdo de su rostro.

Los ojos. No se veían. Sombras grises y negras bailaban sobre ellos, reposando silenciosamente en la frente. Se movían con la Bella, danzando de manera imperceptible y cubriendo el enigma desde cualquier ángulo. Sin embargo Meps estaba seguro de que aquellos ojos indescifrables se habían dirigido hacia él, lo habían atravesado, lo habían marcado, y se habían retirado de nuevo a las sombras dejando un vacío donde antes se hallaba el corazón. Y él no sabía tan siquiera de qué color eran.

Miró la copa con atención, como si en ella fuera a encontrar un reflejo color borgoña de su amada. No sucedió nada. Vio una copia de sí mismo en el espejo que había detrás de la barra: ojos enrojecidos y febriles, piel acartonada con las venas dilatadas, pelo áspero y oscuro. Deseó ser como ella. Deseó que las sombras habitaran en sus ojos. Deseó besar aquellos labios de cerezas sangrientas.

Salió a la noche a buscarla.

domingo, enero 23, 2005

El mar de la confusión (verde)


Cedí, cedí, cedí. Cedí a la marea de caos que se apoderó de mí hace ya tiempo. Me invadió despacito y sin descanso, como un desatornillador que penetra lentamente en la carne: primero me salpicó con su espuma, haciéndome despistada. Después se adentró un poquito más y rozó mis pies con una ola traviesa, divertida, tanteando el terreno. Cuando comprobó que yo no me retiraba decidió avanzar de manera osada y me mojó todo el vestido negro salpicándome con locura. Yo reía y lloraba, asustada y oscuramente complacida por haber sido elegida por las olas de la demencia. Pero llegó un momento en que el cielo se tornó gris, la nubes parecían caballos encabritados y amenazadores y el mar que había jugado conmigo intentaba destruirme. Cedí. El único medio para escapar era unirme a ella.

Por eso ahora giro por el mundo admirando la entropía. Cuando mi hermano mayor me explicaba hace años las leyes de la termodinámica (qué pedante suena esto, por favor, que alguien me meta un tiro...) siempre me confesaba que a él le ponía particularmente nervioso el hecho de que todos los sistemas tendiesen al desorden. La Nada avanza. La Decadencia también. A mí sin embargo nunca me ha parecido especialmente preocupante, incluso me hace gracia. Ahora mismo todo mi cuerpo está consumiendo energía y generando entropía para mantenerse vivo. Un día dejará de hacerlo. Que se enfríe el Universo entero, que todo sea caos y energía no aprovechable. También hay en ello cierta belleza. Y en la confusión y en los caminos errados y en las balas que nunca alcanzan su destino y en los cazadores que se sorprenden ante su errática presa.

Y si me tentáis, en decir que Spock es verde al mezclarlo en la memoria con Data y Kiff, de Futurama juas juas juas :p

sábado, enero 22, 2005

Data


Este es Data, el robot de Star Trek. Gracias a mi inventiva memoria estaba empeñada en que se llamaba Spock, pero me bastó ver una de las pelis para darme cuenta de que Spock es el bicharraco verde de las orejas puntiagudas. ¡Puaj!
Era uno de mis ídolos de juventud, junto con R. Daneel Olivaw, el capitán Nemo y Sherlock Holmes. Sí, me gustaba Holmes pese a ser un misógino no especialmente atractivo. Desde aquellos tiempos he mejorado mucho el gusto y ahora tanto mis novias como mi cazador son de lo mejorcito que hay. Ñam ñam :)=

viernes, enero 21, 2005

En busca de la luz perdida

Una amiga mía nos ha definido perfectamente: somos lagartos buscando calor. Esta mañana mientras nos tomábamos unas cervezas salimos a las escaleras de la facultad, en busca de unos rayos de sol. Nos encontramos con treinta personas más apoyadas en las paredes y en el césped, persiguiendo un ideal de temperatura inexistente. El sol en invierno alumbra pero no calienta, eso debería saberlo cualquier madrileño. Se aprende rápido: cielos azules y un frío que mata, congela y roba. Cabrón. Siempre he pensado que uno de los infiernos posibles debería estar basado en el clima de esta ciudad: un sótano tenebroso con seres informes danzando entre llamas frías. Parece que hay calor, debería haberlo, pero no, pedazo idiota, has caído. Pringao.

Esto es Madrid y estamos en invierno. Así que ponte la bufanda, ponte los guantes, ponte el abrigo y atrinchérate en la parada del autobus como si fueran a empezar a llover bolas de fuego helado en cualquier momento. Lo que no va a llover es agua, eso está claro. Yo enamorada de la lluvia y aquí no cae ni una gota. Frustante, me voy a hacer fremen (pero sin los destiltrajes, son muy antiestéticos y huelen mal). Basta de delirar, me voy a beber zumo para luego beber más cerveza con mi gente. Como buen demonio (apresado y enamorado) que soy, debería deciros que os fuerais al infierno o llevaros yo directamente. Pero quizás ya estéis en él, así que sería redundante. Sed caóticos, pues.

jueves, enero 20, 2005

Como una hormiga

Un humano en un terrario.
¿Os reís?
Él no. Imaginaros la situación:

Despiertas una mañana tirado en un parque en una ciudad desconocida, sin saber cómo has llegado allí. Los edificios son bajitos (ninguno más allá de los dos pisos) y compruebas con terror que los árboles son de plástico, como los que venden en Alcampo. Te acercas al pequeño estanque artificial, descubriendo que el agua en realidad es una masa gelatinosa y opaca. Echas a correr y atraviesas calles vacías en las que no hay ni una sola alma. Atraviesas la puerta abierta de un edificio (de plástico) y descubres que está sin amueblar. Entras en otro. Lo mismo. Corres de nuevo y te adentras en la sombra plácida de lo que parece ser un banco. ¿Qué encuentras? has acertado.
Una estructura vacía de plástico.
Corres, corres, corres. Y a lo lejos ves un abismo: el horizonte termina abruptamente en una calle, donde un reflejo brillante te ciega. Aminoras el paso. Llegas al borde. Más allá del final de la falsa avenida, un precipicio infinito, que acaba en algo perturbadoramente similar a una moqueta. Es imposible, lo sabes, pero jurarías que estás en lo alto de una mesa inmensa. Extiendes la mano. ¿Cristal? Sí. Encerrado en un terrario con paredes de cristal.

¿A que no es tan gracioso?

miércoles, enero 19, 2005

Yogur de cereza

Estos días estoy leyendo entre otras cosas una recopilación de Leopoldo María Panero, poeta que me recomendó una amiga con buen gusto. Me encanta, así que os voy a dejar un par de cosillas suyas mientras pienso en el yogur de cereza que me voy a comer en cuanto acabe. Ahí las tenéis:

El lamento del Vampiro

Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois
para mí alimento,
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos,
ese es el precio que pago por mis alimentos.


Erase una vez

Cuentan que la Bella Durmiente
nunca despertó de su sueño.

Las brujas

Bastó un gesto, una palabra vuestra para que todo se hiciese aire, o menos que aire... Brujas que hablabais el lenguaje del viento, a medianoche, el lenguaje del viento golpeando las ventanas, el lenguaje del viento crujiendo en los desvanes, el lenguaje olvidado del viento. El lenguaje de la noche, qué hizo de vosotras el sol, su torpe claridad, su exactitud brutal, qué fue de vosotras cuando el sol secó para siempre nuestras almas... Qué fácil entonces el miedo, brujas, brujas aventadas por el soplo de un demonio más terrible que el mismo demonio...
Qué extraño meleficio no deja llegar la noche, oh deshacer, deshacer con un gesto el mundo...

martes, enero 18, 2005

Cae la noche

Tengo frío. Sí, como siempre.
No tengo sueño. Sí, ya van tres cafés ¿o cuatro?
Tengo miedo. Sí, del futuro.

Hay tardes (o noches, la ciudad ya depende de nuevo de la luz artificial y decadente) en las que es imposible no sentir un deseo irracional de buscar un rincón oculto donde esconderse, tiritando.

Hay tardes (o noches, quizás el frío venga porque el sol ya se ha ocultado y la luna no da calor, solamente refleja) que traen consigo el viejo sabor de la tristeza.

Hay tardes (o noches, siempre es noche cuando tú no estás conmigo) donde es imposible no recurrir a los viejos tópicos: melancolía, ventanas y paisajes.

Hay tardes (o noches, las farolas están encendidas pese a que únicamente son hermosas bajo la lluvia) en las que la vida parece gastada como una historia de personajes desesperados aficionados a la bebida.

Hay tardes (o noches, los vampiros nada más se dejan ver después del anochecer y yo estoy viendo uno... aunque sea mi imagen en el espejo) en las que daría una estrella -excepto Sirio, ella jamás- por tener algo que contar más allá de la desesperación y el amor.

Hay tardes (o noches, hay poca gente en la calle y los bares se llenan de almas perdidas) que sin ti están vacías.

Hay días que sin ti están vacíos. Hay vidas que sin ti están vacías. Hay mundos que sin ti están vacíos. Yo sin ti estoy vacía

Porque eres tú quien me llenas.

lunes, enero 17, 2005

Superficie de Venus


Venera 14

domingo, enero 16, 2005

El mensaje de la sangre

Esta mañana desperté y descubrí que las palabras se habían quebrado. Debió suceder por la noche, mientras dormía; algún silencioso desastre sideral hizo que el sentido del vocabulario se fuera al traste, hundiéndose en las marañas del tiempo. Así que abrí los ojos y comprobé sin excesiva sorpresa que todo lo que salía de mi boca blanca sin color y sin carmín era ceniciento. Mi voz susurraba poemas incoherentes en voz baja, intentando no espantar a los pájaros que siempre rondan mi cabeza. Si hablo muy alto ellos se despiertan y vuelan lejos, devolviéndome a la realidad. Entonces surgieron las palabras provistas de significado y no pude evitar gritar, de modo que mis alados compañeros se llevaron la magia a un reino donde la razón no intenta entrar. Me dejaron sola con mis pensamientos y con la tristeza, como al cabo hacen todos los pájaros de colores. Siempre se van en desbandada.

En la intimidad recién nacida (es extraño saberse momentáneamente cuerda) descubrí por segunda vez en la mañana un hecho sorprendente: la sangre que late en mi interior trazando caminos por mi cuerpo habla. Es un lenguaje visceral y primitivo, como el sonido de los tambores en la sabana africana. Mi sangre me tranquilizaba y me acunaba:

Es tás vi va -decía- le a ma mos es tás vi va le a a ma mos

Mi corazón amante todavía late, cálido y dulce como solamente las cosas rojas y sangrientas pueden ser. Es toy vi va le a mo más es toy vi va le a mo más. Late.

sábado, enero 15, 2005

La ventana

Vicente Aleixandre - La Ventana

Cuánta tristeza en una hoja del otoño,
dudosa siempre en último extremo si presentarse como cuchillo.
Cuánta vacilación en el color de los ojos
antes de quedar frío como una gota amarilla.
Tu tristeza, minutos antes de morirte,
sólo comparable con la lentitud de una rosa cuando acaba,
esa sed con espinas que suplica a lo que no puede,
gesto de un cuello, dulce carne que tiembla.
Eras hermosa como la dificultad de respirar en un cuarto cerrado.
Transparente como la repugnancia a un sol ubérrimo,
tibia como ese suelo donde nadie ha pisado,
lenta como el cansancio que rinde al aire quieto.
Tu mano, bajo la cual se veían las cosas,
cristal finísimo que no acarició nunca otra mano,
flor o vidrio que, nunca deshojado,
era verde al reflejo de una luna de hierro.
Tu carne, en que la sangre detenida apenas consentía
una triste burbuja rompiendo entre los dientes,
como la débil palabra que casi ya es redonda
detenida en la lengua dulcemente de noche.
Tu sangre, en que ese limo donde no entra la luz
es como el beso falso de unos polvos o un talco,
un rostro en que destella tenuemente la muerte,
beso dulce que da una cera enfriada.
Oh tú, amoroso poniente que te despides como dos brazos largos
cuando por una ventana ahora abierta a ese frío
una fresca mariposa penetra,
alas, nombre o dolor, pena contra la vida
que se marcha volando con el último rayo.
Oh tú, calor, rubí o ardiente pluma,
pájaros encendidos que son nuncio de la noche,
plumaje con forma de corazón colorado
que en lo negro se extiende como dos alas grandes.
Barcos lejanos, silbo amoroso, velas que no suenan,
silencio como mano que acaricia lo quieto,
beso inmenso del mundo como una boca sola,
como dos bocas fijas que nunca se separan.
¡Oh verdad, oh morir una noche de otoño,
cuerpo largo que viaja hacia la luz del fondo,
agua dulce que sostienes un cuerpo concedido,
verde o frío palor que vistes un desnudo!

viernes, enero 14, 2005

Os lo advertí


Hace unos días os dije que las hadas se esconden en los rincones más insospechados: ahí tenéis una, entre los tréboles del jardín. ¿Me creéis ahora? La hadita que toma el sol en la terraza tan plácidamente también es amiga mía, pero no me la encontré en el bosque, como al gnomo Plom. Ella y yo nos conocimos hace un par de años en un mercado medieval que celebran todos los veranos en el castillo de Puebla (Zamora). Un malvado mercader de rostro sin afeitar y mirada torva la tenía atrapada junto con otras congéneres... ¡y osaba venderlas!
Sí, lo sé, es sorprendente hasta dónde pueden llegar los humanos. Solamente a una especie tan depravada y cruel se le ocurriría secuestrar hadas para luego cambiarlas por dinero, intentando esclavizarlas. Yo me apiadé de ella y la compré, metiéndola en mi bolso con la intención de liberarla. Pero con los días nos hicimos apañeras y me pidió que la llevara a mi tierra, donde podría encontrar otros seres mágicos como el gnomo Plom y el gato Isidoro. Y aquí sigue, sentada encima de la minicadena con una sonrisa resplandeciente. Igual que mis otros bichos puede corretear a su antojo e irse de vacaciones, pero como sus hermanas fueron vendidas y no sabe dónde están prefiere quedarse conmigo.
La magia...

jueves, enero 13, 2005

Necesito un mantra ya

Si hay algo seguro en esta vida, si la historia nos ha enseñado algo, es que se puede matar a cualquier hombre.

No lo digo yo, son palabras de Michael Corleone. Hoy he visto la segunda parte de El Padrino al volver de la facultad para compensar las horas de historia que me metí para el cuerpo y los comentarios fachas y misóginos de uno de los profesores. Tras semejante ejercicio de paciencia me merecía un pequeño regalito, como una buena peli. Además, así avanzo en la lista de deberes y aprendo tácticas de la mafia. También estoy leyendo El Príncipe, de Maquiavelo: en una de estas me hago estratega.

Basta ya de tonterías, querría algo de orden. Oh, sí, lo sé: soy una pesada, todo el día insistiendo en el tema del caos y el equilibrio... pero a veces necesitaría realmente poder controlar la confusión que llevo dentro, darla forma y hacer algo útil con ella. Porque hay mañanas en las que tengo la impresión de que hay algo equivocado en mí, relacionado con el perpetuo desorden en que nadan mis neuronas. Sí, insolente, claro que me quedan todavía neuronas! vuelve a hacer un comentario así y te echo a los dragones!
Joder, se me va la pinza. Va a ser ese el fallo.
Por ahora voy a hacer caso a Lorca y voy a dejar mi corazón en paz. Calma.


Romance de la Pena Negra

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

*

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

miércoles, enero 12, 2005

La visión de los dioses


Los dioses, si existen, ven el mundo de una forma especial: penetran en la esencia de los objetos, los traspasan, los hieren. Quizás por eso no intervienen en este caos de mundo, deben estar demasiado ocupados mirando fascinados alrededor. Seguro que encuentran magia en cada molécula. Hasta nosotros podemos encontrarla a veces

martes, enero 11, 2005

Pertenencia

Vuelvo a tener sueño y frío. Siempre igual. Debería ponerme un jersey y regresar a mi habitación a estudiar: el 31 de enero empiezo los exámenes en la facultad y tengo muchos apuntes esperándome sobre la mesa. También me aguardan libros por leer, películas por ver, cuentos por terminar, amigos con los que necesito hablar. Pero en medio de la lista de tareas pendientes el sueño y el frío pueden más y al final me acurruco en la silla dispuesta a contaros tonterías que a nadie importan.

Vaya, después de buscar el cable USB de la cámara digital por toda la casa y conectarlo, el programa reniega de mí. Puñetero hardware (lo que un enano puede romper con su hacha) y puñetero software (lo que solamente puede maldecir).... oh, por favor, no me miréis así: sé que es un chiste muy malo, pero a mí siempre me ha gustado. Un café con leche de soja me sentaría muy bien en estos momentos, igual que un poema triste o que lloviese. Creo que ya os he contado antes la fascinación que ejerce sobre mí la lluvia: desde mi ventana se ve un parque que con las gotas de agua parece lejano, hechizado y fantasmal. Esta ciudad tan contaminada cobra vida con el agua, adquiriendo una atmósfera decadente y melancólica. Por desgracia desde hace meses la lluvia rehuye Madrid, y la hecho tanto de menos como al mar. Es extraño, a veces parece que yo fuí creada para vivir en mundos de niebla y neón, donde habitan personas suicidas que recorren las calles entre maravillas tecnológicas bajo una eterna llovizna. Sí, como Neuromante de Gibson o cualquier otro libro de cyberpunk desesperado.
Ahora que lo pienso, el hecho de no pertenecer a esta realidad explicaría mis despistes, mis rarezas, mis suspiros, mi caos, mi entropía (yo represento la segunda ley de la Termodinámica elevada a su máximo exponente) y el hecho de que siempre esté perdida. Perdida, perdida, perdida. Y muy confusa. Y cansada. Y fría.
Te echo de menos.

lunes, enero 10, 2005

Ya estoy aquí

He vuelto. Hey, reconoced que me habéis echado de menos, tíos, venga. No os cortéis, sé que ahora mismo, al leer esto, estáis reprimiendo las lágrimas por mi regreso. Y entre sollozos emocionados y plegarias a los cielos y/o infiernos quizás os preguntéis... ¿ande diablos ha estado la tarada morena? pues aquí estoy para contároslo :)=

El viernes salí con mis compis y regresé a casa a las cinco y media o las seis ligeramente perjudicada y me metí en la cama agotada y feliz ante la perspectiva de tirarme todo el sábado durmiendo. Ingenua yo. A la mañana siguiente, a las diez más o menos, me encontré en el coche con mis padres y una Señora Resaca dirigiéndonos a un pueblo perdido en las montañas. En condiciones normales no habría accedido a irme un finde al pueblo ni de broma, claro, pero no estaba yo para oponer mucha resistencia. Mi madre aprovechó para sacarme de la cama, meterme en la ducha y llevarme a Zamora. Ays, qué mal lo pasé en el viaje, alguna ley del universo me condena a no poder tener una resaca tranquila jamás: o trabajo o me llevan a traición al monte o me arrastran a las rebajas. Triste de mí.

Bueno, como en mi pueblo vacío no hay mucho que hacer me he tirado todos estos días en una casa congelada pegada a un radiador leyendo (no, no hay tv y se me olvidó llevarme el puñetero portátil). Y diréis... ¿qué ha leído nuestra sufrida heroína? pues el famoso libro de la portada esperpéntica sobre una economía mundial basada en el hidrógeno. Al principio he de reconocer que me enganchó: se puso a describir la situación geopolítica actual, lo cual siempre está bien. Pero en las últimas cien páginas al Señor Escritor se le fue la pinza (como a mí en mis cuentos, mis mensajes y mi blog, reconozco que yo no soy quién para quejarme) y acabó hablando de la Hipótesis Gaia de Lovelock en relación con las fuentes energéticas. Ugh. He aquí el libro

Por suerte, a base de leer durante horas y horas, logré terminar con las 327 páginas que tenía, pasando a temas más interesantes: 1984 y Rebelión en la Granja, de George Orwell. Son muy interesantes y muy lúcidos, pero escalofriantes, por lo cual no son la mejor opción si estás encerrada de mal humor en una cocina alejada de la civilización y la tecnología. En fins, he pasado mucho mucho frío, me he aburrido más todavía y hoy he faltado a clase. Hala. Mañana volveré a la facultad atormentada por recuerdos de una casa fría y helada con la única distracción de un libro surrealista. Qué duro. Bueno, también he escrito la historia de Kor, el ratón pensante, que me ha dado mucho que pensar. Al releerla me he dado cuenta de lo grillada que estoy. En resumen un ratón toma un pienso radiactivo y se hace inteligente, por lo que pasa a matar humanos en venganza por haber sido recluido en una jaula durante tanto tiempo. Atrapado en una jaula, moviendo los engranajes con odio. Así empieza la historia de mi roedor. Y quizás la mía.

También me fijé en que mi cabeza escribe historias en cuanto dejo de intentar doblegarla: en el viaje de ida los campos de Castilla (no, no es un poema de Machado, leche, dejad de sacad referencias culturales en todas partes!) parecían perfectos para escribir sobre un futuro en el que máquinas solitarias cultivarían para una humanidad extinguida, surgiendo en el horizonte como un ejército sin sentido y sin dueños. Los árboles desnudos quizás habían perdido las hojas en una oscura guerra ya olvidada y la niebla me recordaba a mi Nada, reino oscuro que aparece en algunos de mis cuentos, como estos Meteos en Isa Morena

Bueno, llegué hace poco y todavía no he cenado nada, así que me escapo a la cocina. Besotes

Nota al margen sin margen 1.- dejad comentarios, malditos lectores mudos! que no doy zarpazos!
Nota al margen sin margen 2.- y decid quién sois (va por ti, Arrakis, oh, tú, Dueño de mi Destino en las Galeras)
Nota al margen sin margen 3.- que síiiiii, que síiiiii que me habéis echado de menos :p


viernes, enero 07, 2005

Salitre


Echo de menos el mar (y más cosas)

jueves, enero 06, 2005

Living inside the shell

Os voy a poner la canción de la que salió el título del blog: forma parte de la bso de Stand Alone Complex. Sé que debería escribir algo, pero hoy solamente me saldrían palabras grises y brumosas, humo por la boca y niebla en el teclado. No querría que al abrir mi página os salpicasen gotas de bruma y os cayeran encimas hojas secas. ¿Por qué fruncís el ceño, incrédulos míos? tened fe: nunca se sabe por dónde van a aparecer las hadas. A todo esto, en mi cuarto también hay hadas, algún día os las presentaré (junto con los enanos, los duendes, el dragón, Jack y Sally y mi murciégalo de peluche). Saludos de Plom :)


Living inside the shell

Roaming between the worlds of sleep and awake
Seems so far away from where I've been and untrue but unafraid
Intrusting -- my soul --
I know I must be taken to see the world that is
Not so far from now

Imaginations come and sweep the shores of my mind
Letting it be, visions pass, and emotions arise--
Letting them go, and beyond are doors
I've never seen, opening one by one

(Wake up and show the light, wake up the time is right)
I hear a voice, hear a voice calling out to me
Look inside, see the light now ever holding you
All the truth is all you need to make of your reality,
its right here, look deep within your shell

Finding out a galaxy of planets and stars within me
Listening to each of them singing the same silent melody
I've never seen such beauty in possibility -
- no speck of doubt or fear

(Wake up and show the light, wake up the time is right)
I hear a voice, hear a voice calling out to me
I see inside, see the light now ever holding me
All the truth, all I need to make of this reality it's -
- beauty within the shell

(Wake up and show the light, wake up the time is right)
I hear a voice, hear a voice calling out to me
I see inside, see the light now ever holding me
All the truth, all I need to make of this reality, it's inside
Right here within this shell

The sandglass starts for another time's beginning from within
Cotton fields, mama's arms are gently unfolding me into the new

(Wake up and show the light, wake up the time is right)
[Reading]
Here from behind my sight, my thoughts my mind
Show from the light
The time is right
And from the depth within show the balance
Of outer and inner harmony
Mind and heart, soul and spirit undivided
Here's where teh true strength and beauty lies
We'll see this before us with our own eyes
We'll see, with our own eyes... LOVE

(Wake up and show the light, wake up the time is right)
I hear a voice, hear a voice calling out to me
I see inside, see the light now ever holding me
All the truth, all I need to make of this reality it's -
- beauty within the shell


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miércoles, enero 05, 2005

Mi gnomo y yo



Me mece, me acuna, me hiela. El frío de esta ciudad maldita y saber que no estás aquí. Sentirlo, con cada fibra de mi cuerpo tembloroso (¿tiemblo por el frío?). Tenías razón, es invierno de verdad. Hoy voy a escaparme de la espiral de quejas y protestas, pero no me apetece relataros como siempre mi día, generalmente anodina odisea. ¿Un cuento quizás?

Érase que se era, en los tiempos en que los los centauros moraban aún en los bosques y la luz olía a mazapán, un gnomo llamado Plom. Vivía, como es habitual en su especie, en el interior de un árbol: las puertas eran de hojarasca y las celosías de musgo. Por las mañanas salía de su cálido hogar y tras saludar a los animales de las cercanías se disponía a buscar comida con mucha cautela... ¡en más de una ocasión las fieras salvajes lo habían confundido con un ratón, intentando devorarlo! Por suerte era rápido, y siempre lograba esconderse a tiempo. Con sus pequeñas botas de piel de ardilla recorría el bosque, recogiendo moras, cerezas y manzanas que algún animal dócil le ayudaría a transportar. También guardaba frutos secos para el invierno, cuando la nieve cubría los arbustos y las bayas.
Una mañana sucedió algo especial: se paró a reflexionar y se dio cuenta de que estaba solo. Llevaba tanto tiempo viviendo dentro de un roble que su propio corazón se había vuelto de madera. No había vuelto a saber nada de su familia desde que ellos habían decidido mudarse a un bosque más seguro. Se fueron montados en aves y lo dejaron allí, a solas con los conejos y los zorros. Plom caviló largo rato hasta llegar a la conclusión de que debía ir en su busca. En caso de que no encontrase a su familia siempre hallaría nuevos amigos. Así que taponó laboriosamente la entrada de su casa con hojas secas y barro, emprendiendo una gran aventura.
Días después el ciervo sobre el que viajaba se detuvo bruscamente, lo tiró al suelo y salió huyendo. Plom, que había caído sobre un matojo de flores silvestres, contempló lo que había asustado al animal: en frente suya se alzaba una princesa, vestida con oscuros ropajes. Con solo un vistazo quedaba en evidencia que era enana y bruja. Un hacha colgaba inerte en su mano, mientras de su voz salían oscuros hechizos. Entonces giró lentamente la cabeza, lo miró y sonrío.

Esa bruja era yo y ese gnomo ahora vive conmigo. En la foto sale agarrado a mi mano, disfrutando del sol en la terraza. Era verano y hacía calor, por eso me gusta esta imágen. Jejeje, a Arrakis también le gusta :D

martes, enero 04, 2005

Que se acabe ya...

¿Y qué os cuento yo ahora? Hoy todo me ha salido al revés: no logré ver la exposición sobre el retrato español en el Museo del Prado, el Reina Sofía estaba cerrado, no he comprado los regalos de Reyes, una vieja maleducada de los puestos de libros que hay cerca de Atocha se puso a gritarme por echarle un vistazo a un libro (¿?), el centro comercial estaba lleno, no encontré el libro que buscaba en La Fnac, no quedé con mi novia (sorry, rubia), me perdí por el centro. Bueno, esperad, eso lo hice a sabiendas y no me fue tan mal, acabé encontrando el modo de llegar de un sitio a otro sin dar tanta vuelta. En fins, todo un tanto deprimente: en días así no puedo dejar de maldecir por lo desagradable que llega a ser la gente. Cuanto me alegro de no ser humana...
Lo sé, ahora Arrakis (y más gente) murmurará que lo soy: ¡que no, pesados! de buenas a primeras no está muy claro que tipo de criaturilla soy, pero sí sé a qué especies no pertenezco: no soy elfa, no soy humana y no soy cazadora. Esa es otra, ahora resulta que la presa soy yo, aunque en el fondo ya lo sabíamos. He de reconocer que como vampira soy un fracaso (ays, hoy me han vuelto a sacar sangre... en lugar de beber sangre, me la quitan!!!). Soy un desastre de bruja, un demonio que no logra apoderarse de alma alguna (al contrario, pierdo trozos de la mía por culpa del cazador) y tan siquiera reconocen mi naturaleza enana. Algún día dedicaré un extenso post a debatir sobre mi identidad, tan discutida y cuestionada. Desvarío.
Por cierto, ayer por la tarde estuve en la exposición de los Guerreros de Xian, prorrogada hasta el 31 de enero. Los que tengáis oportunidad de verla pasaros por Plaza Castilla, no tiene desperdicio. Curiosamente había dos tipos de figuras: las más antiguas de la dinastía Qin (200 y pico a C) compuestas por guerreros de terracota de casi dos metros de altura con rostros parecidos pero no iguales. Las otras son de una dinastía bastante posterior con muñequitos más pequeños y que además de guerreros incluye bailarinas, criados y otros elementos de la vida cotidiana. Hasta un par de consoladores. No me miréis así, es cierto: son de metal y tenían puesto un cartelito que los llamaba "objeto sexual". Juas, debían ser bastante incómodos. Desvarío otra vez. Me piro a leer, que hoy no ha sido mi día...

lunes, enero 03, 2005

El camino de regreso

Hoy estoy un poquito triste, y desconozco la solución. Año nuevo, vida nueva y su puta madre, eso no se lo cree nadie. Sospecho que este año, igual que en los anteriores, me reiré mucho y también tocaré fondo. Arriba, abajo. Odio los ciclos, voy a tener que introducir políticas keynesianas para regularlos y estabilizar esto. No quiero seguir teniendo ganas de llorar algunas tardes (ahora, de hecho), no quiero empezar a hundirme otra vez. Maldita sea, y yo creyendo que había aceptado ser una desequilibrada. Ahora mismo sí que soy un diablo rídiculo. Y desesperado. Ahí os dejo una canción de Ismael Serrano depresiva y pese a ello muy hermosa. Besotes.

El camino de regreso

Hasta entonces nunca me habían aterrado
de esta forma los aeropuertos.
Lléname de abrazos, lléname de besos,
creo que anunciaron tu vuelo.
Y entre lágrimas tu figura es devorada por la gente,
y una fiera malholiente clava en mi alma sus afilados dientes.

Sus afilados dientes.

Quedo con el sabor metálico de la soledad
y deshojo el calendario.
Tengo miedo, tengo frío y dudo,
y hago repaso.
Fugaz e indeterminado, como un sueño ha comenzado
esta historia y no sé, en verdad, si fue real.

Quién me iba a decir que te iba a encontrar una noche casual,
yo ejerciendo de torpe sentimental.
"¿Qué haces aquí? A punto estaba de marcharme,
qué bueno es encontrarte".

Y tú y yo inmóviles, y en torno a nosotros
giraban colores, pasaban horas, rostros.

Pasaban horas, rostros.

Pero nada de esto era importante,
"así que háblame de ti y no pares".
Apenas te dejaba la música con su metralla.
"Cuéntame cómo era todo antes".
Aunque seriamente dudo si en verdad hubo un antes,
sólo recuerdo bien, con nitidez, que hubo un después.

Entre empujones, entre la gente,
me acerco torpemente con taquicardia adolescente,
en aquel bar donde no entra ni un rayo de luz,
sé que fuera, sé que fuera amanece.

Sé que fuera amanece.

Nuevos reencuentros, nuevas confesiones, y de repente me veo
perdido en un aeropuerto,
con las pesadillas que día a día me acompañan, cotidianas,
con las que me atormento:

A qué son bailan tus caderas,
qué sudores te alimentan, tengo tanto miedo
de que olvides el camino de regreso,
el camino de regreso.

domingo, enero 02, 2005

Diablos

No hay nada más ridículo que un diablo en la desesperación.

Lo dice Mefistófeles, el diablo de Fausto. Ya sabéis, esa librito de Goethe en el que un demonio intentar apoderarse del alma del eterno insatisfecho (alias Fausto) mediante un pacto en el que se compromete a llevarlo de maravilla en maravilla hasta que quede saciado y sorprendido "y pueda decirle al momento: ¡detente, pues! ¡eres tan bello!". Hasta aquí todo bien: Mefistófeles es un demonio (no confundir con el ángel caído, él mismo se define como "una parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal y siempre practica el bien") y decide tentar a Fausto con lo que más anhela: el conocimiento. Es a lo que nos dedicamos los diablos: establecemos relaciones de vasallaje en la que parece que servirmos, pero en realidad bajo la apariencia de obediencia estamos manipulando a la gente para apoderarnos de ellos. Ea, para que veais que los demonios no somos tontos y los humanos sí: siempre os dejáis engañar. En fin, en medio de la obra dice esta frase tan curiosa: no hay nada más ridículo que un diablo en la desesperación.

Vale, ¿por qué? ¿qué quiere decir mi compañero y tocayo? en un principio pensé que se refería a que los diablos son astutos y ladinos: no tienen que preocuparse porque al fin y al cabo van a salirse con la suya, ya encontrará el medio para engañar y manipular hasta llegar a buen puerto. Mefistófeles.... mefistofélico... pero de todas formas esa explicación no me convencía. Entonces se me ocurrió una segunda posibilidad: quizás no tenga sentido desesperarse puesto que todo da igual. Si eres un demonio es bastante probable que la indiferencia y el aburrimiento se hayan apoderado de ti. En el primer ejemplar de Fausto que leí, cogido de la biblioteca, venía una anotación a lapiz en el márgen: "no se desesperara porque no puede amar". Esto haría que la frase tuviese sentido, ciertamente, sin embargo no estoy de acuerdo. Los demonios sí que amamos. Ejemplos:
1) el mismo Mefistófeles, al final del libro
2) el diablo de Las nueve puertas (Arturo Pérez Reverte)
3) el diablo enamorado, de Cazotte
4) yo misma: soy una diablillo y estoy loca por mi protector
5) Lucifer: es un ángel, por lo tanto nació amando a Dios. El tema de la rebelión por la libertad es un tema aparte...
y un largo etcétera. Una cosa es que nos guste sembrar el caos y otra muy distinta que no tengamos nuestro corazoncito. Snif :'(


Resumiendo: que no pillo la frase y quiero ayuda. ¿Alguien la entiende?

sábado, enero 01, 2005

Bajo los rayos del sol

La figura desmadejada que se encuentra tirada en el suelo soñaba con rasgar la luz. La luz que hiere, la luz que solloza, la luz que ciega. De día la realidad se mostraba tal cual era ante sus ojos, despojada de todos los velos que la cubrían: demonios de vestiduras vaporosas cruzaban apresuradamente las calles, las aceras revelaban fisuras que conducían a abismos infraqueables y mujeres aladas de pechos bien formados describían ángulos imposibles en los cielos. Por ello temía a la luz, que no ocultaba el mundo de pesadilla en que vivía. En la noche sin embargo todo parecía recuperar la cordura: los diablos se transformaban en apuestos señores que regresaban a sus hogares, las calles no eran puertas a los infiernos y las mujeres descendían a la tierra, cansadas sin duda de surcar el aire. Quería acabar con su tormento y no sabía cómo: luchar con la realidad era tan duro que parecía inverosímil. ¿Cómo oscurecer el mundo? ¿cómo abrir caminos en el caos con sus venas? el miedo se apoderó de ella y por eso ahora yace en una habitación sin ventanas, huyendo de sus delirios. Los demás creen que está loca, pero no es cierto. Solamente ha contemplado la Verdad, quebrándose al hacerlo. Llora. No está loca.